PABLO GÍL, UN LIDER
EXCEPCIONAL CURTIDO EN LA LUCHA SOCIAL
Luis Mendoza Silva*
Pero
de pronto hay alguien/ que nos habla con la voz definitiva y mansa/ que resuena
perfecta, idealmente triste/, desde los viejos campanarios de un pueblo/,
olvidado, olvidado, y simplemente lento. (J. R. M.). Un
sabio que reflexionaba por las tardes en el solar de su casa, a cerca del
tiempo y las circunstancias decía; el tiempo de los hombres no lo determina su
edad, si no la historia, quien está facultada para mantener la presencia de
tales, quienes con base en sus acciones pudieran lograr permanencia en las memorias
de todos los calendarios. He ahí que cabe la pregunta ¿Que has hecho para que
tu nombre perdure en la memoria de los tiempos?
La conclusión a la que llega el abuelo, la
sentimos como respuesta cuando encontramos en un peldaño de cualquier telarañosa
biblioteca, un libro dejado por algún escritor fallecido hace años, pues, allí
su voz y pensamiento siguen vigentes a través de los siglos, pero, la sentimos
también cuando revisamos la vida de un personaje como don Pablo Gil, hombre
forjado en el difícil trabajo de la lucha social, pues, prácticamente desde su
infancia anda por estos caminos en busca de reivindicaciones para un pueblo, su
pueblo. Como un verdadero quijote lo hemos visto fajarse y, no contra molinos
de viento, si no contra los que utilizando el poder y desde posiciones
arribistas maltratan a los más débiles.
Este singular personaje, tan nuestro como
el más nuestro de los nuestros, es una suerte tenerlo entre nosotros, porque
hay en él una lección eterna que es preciso aprender y, es que esa pasión que
Pablo pone en cada acción que ejerce, debemos copiar e imprimirla en las
conciencias de generaciones sucesoras, por ello, no creo que hay otro con
tantos merecimientos para aparecer reseñado en esta columna, que es un especio para
la difusión de los valores más intrínsecos de nuestra venezolanidad, pues, este
viejo luchador al que reconocemos por su acción tenaz de inquieto trabajador
social, por la decisión inquebrantable de lidiar por los derechos humanos, el
bien común y la libertad, es un hombre pleno de nuestros más auténticos valores.
Con solo abrir algunos periódicos
regionales de las ultimas tres décadas, usted se encuentra con evidencias
ciertas de lo que hemos venido comentando, e igualmente allí podrá darse cuenta
que en medio del fragor político que a él no le es ajeno, aunque su militancia
esté alejado del partidismo tradicional, se resalta una identificación social
alineada con la participación protagónica si se quiere, en todos los hechos y
sucesos de la vida cotidiana, como lo han instruido y así está reflejado en la
historia, los grandes revolucionarios de todos los tiempos.
Pablo Gil, nació un 25 de enero de 1955, en
el caserío Santo Cristo del municipio Antonio José de Sucre del estado
Portuguesa, precisamente en las cercanías de donde naciera el poeta, maestro y
guerrillero Argimiro Gabaldon, y de allí vino a vivir entre nosotros,
precisamente el caserío Las Tinajitas, jurisdicción del municipio San Genaro de
Boconoito, desde donde ha desarrollado una intensa lucha social. Hablar de
Pablo Gil es realmente apasionante, pues, en él sin menester de la alabanza
vana encontramos cosas interesantes, y a cada instante uno se topa con el
hombre capaz de abandonar la tranquilidad de su hogar e irse tras unos sueños,
que solo le son propios a las personas de elevada conciencia cultural y
patriótica. Y aquí, desde nuestra inocencia poética, nos atrevemos a imaginar
que Pablo como Argimiro, fue niño campesino, soñador que correteó libre la
pradera y vio cuando los guerrilleros pasaron por el patio de su casa, con sus
morrales de sueños para no volver más nunca, si no en el poema de Chimiro: “Yo partí hace muchos años/,
pero es tan difícil irse/, que cada vez que amanece/, parece de nuevo que nos
vamos/” (A. G.).
En realidad, no estamos estableciendo comparaciones
o parangones, entre Pablo el rebelde y Argimiro el guerrillero, si no que como
los tiempos cambian, las cosas y las circunstancias también, las luchas de hoy
son distintas aunque sean las mismas, por ello el canto y el dolor es el mismo.
Y así anda este maestro de la vida, todos los días, recorriendo con su alforja
de sueños los rumbos que le toca recorrer, como si quisiera decir con Argimiro:
“Yo vengo de
todos los caminos/ y estuve en todas partes/, a pie o en sueños, da lo mismo/,
en alas ajenas o en mis propias alas/, y he dejado en cada espina/, en cada
grieta, en cada tramo/, un poco de mi carne/ y un poco de mi aliento/”. (A. G.)
Luis
Mendoza Silva
C. I.
8.069.531
*Cronista
de Boconoito
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